La tecnología y los cambios en la forma de enseñar

Docentes y especialistas debaten acerca de los cambios tecnológicos y su impacto en la educación, ¿las netbooks eliminan a los cuadernos?

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–Buenos días, señora directora. Buenos días, señor director.
–Buenos días alumnos. Pueden sentarse. Saquen una hoja.

Hace 50 años –no, no es necesario ir tan atrás–… Hace 10 años –ahora sí–, esta imagen habría sido la más trillada de las historias escolares. La escena típica por la que todos hemos pasado. Días enteros entre plumillas, tinteros; luego biromes, lápices, papel glasé o afiche. Elementos que hacen al proceso de enseñanza-aprendizaje como lo hacen los docentes y la escuela. Un proceso tradicional, pero que no permanece estanco.
Hoy, con más de 3 millones de netbooks entregadas en todo el territorio nacional –por diferentes programas públicos, nacionales y locales–, las cosas parecen haber cambiado. Los avances tecnológicos, propios de la evolución de la humanidad y del desarrollo social, caen de lleno sobre la escuela, sus usos y sus costumbres. Y, como todo cambio, trae aparejados temores y resistencias. Si en los inicios de 1800, los ludistas atacaron a las máquinas por los despidos y los bajos salarios, en la Inglaterra de la Revolución Industrial y los neoludistas fueron los encargados de cuestionar la soberanía de la informática a fines de 1900, ¿cómo llamar a los docentes que le temen a la tecnología? En definitiva: ¿es un reemplazo de los útiles tradicionales o de los propios docentes?
“Si bien, en un primer momento, la inseguridad y el miedo a lo desconocido nos invadieron, había que enfrentar el nuevo desafío y lo hicimos. Aprendimos y seguimos aprendiendo día a día”, explican Analía Casalongue y María Mamani, docentes de 4° grado de la Escuela Nº 7 D.E. 1°, en la Ciudad de Buenos Aires, quienes integraron las tecnologías con la ayuda de los facilitadores pedagógicos digitales.
De la plumilla a la birome. De la carbonilla al lápiz. De las hojas sueltas, a los cuadernos. Elementos que han marcado el camino de todas las generaciones de estudiantes, desde que la escuela es escuela; que han ido cambiando –no mucho–; que se modernizaron y que, según el caso, siguen siendo primordiales a la hora de enseñar y aprender.
Su predominio en el reino de las herramientas escolares es indiscutido pero, aún así, la llegada de la tecnología trae aparejada una duda: ¿es reemplazable el cuaderno?
“Las tecnologías digitales en las escuelas no remplazan: complementan a las tecnologías tradicionales como el lápiz, la lapicera, el cuaderno, los libros. Las netbooks aportan, a diferencia de estas otras herramientas, el plus de la comunicación, la información, el intercambio, abriendo más ventanas, pero ambas se hacen sumamente necesarias para el trabajo escolar”, destaca Natalia Hayquel, facilitadora pedagógica digital de varias escuelas en la Ciudad.
Aun cuando deambulan por las escuelas estas nuevas herramientas, a las que se suma la pizarra digital también, no acaban con los usos tradicionales. La caligrafía, la alfabetización, los afiches, las láminas, los dibujos son solo algunos de los elementos distintivos del proceso de enseñanza-aprendizaje que destacan los docentes y en los que los elementos de siempre son irremplazables.
Mamani y Casalongue insisten: “Los útiles tradicionales no son remplazados por el uso de la tecnología: ambos se complementan; y nosotras, una vez vencidos los temores, vemos en la tecnología un tesoro de información que se integra provechosamente a las clases y los nuevos conocimientos. Compartimos con alegría la “sabiduría” y la “experiencia” de cada uno de nuestros alumnos”.
Con respecto a los cambios en la forma de enseñar, Florencia Mezzadra, especialista en Educación de CIPPEC, propone “un cambio en la pedagogía utilizada en la escuela”. Es decir, una revolución que vaya más allá, puesto que “incorporar las tecnologías ayuda a mejorar la inclusión social y digital pero, para que tenga un impacto pedagógico y mejoren los aprendizajes de los alumnos, se necesita que se piensen integralmente la educación y las propuestas pedagógicas de las escuelas”. De otra forma, dice, es cambiar el soporte pero usarlo de la misma manera: “Es pasar de pizarrón a pizarra interactiva, de cuaderno a netbook, pero siendo lo mismo”.
Hayquel destaca las potencialidades de la tecnología, pero vuelve a subrayar –a la vez– la vitalidad de los útiles tradicionales: “La tecnología permite trasladarse, conocer, crear, producir nuevos conocimientos a través de diversos formatos. Abre ventanas nuevas y permite romper muros. Creo que, a medida que pase el tiempo, las tecnologías van a ir abarcando mayor lugar que el que tienen ahora en nuestro país, pero no reemplazan a las viejas herramientas analógicas, sino que las complementan”.

Opinión de un librero
Por Rafael Kemelmajer, docente y librero de Mendoza
Por lo que se ve en el mundo, la tecnología nueva irá reemplazando a otros elementos. En varios países, ya se utilizan las tablets. En ese sentido, creo que no es una cuestión de tiempos o avances, sino de políticas de Estado. Hoy en día, hay dificultades con importaciones e incoherencias entre planes para dar netbooks, pero sobre todo no hay componentes o servicio técnico para eso. No hay correspondencia entre lo que se busca o se dice buscar y lo que ocurre. La tecnología está disponible para reemplazar a los viejos útiles pero, en determinados lugares, aún no se dará por cuestiones económicas.
El docente, hoy, es alguien que no viene a enseñar sino a gestionar conocimientos. A coordinar que los alumnos recaben sus conocimientos y los compartan a partir de los elementos y los accesos novedosos a la información.
La industria debe adaptarse. Quien crea que seguirá vendiendo cuadernos dentro de 10 años, quedará en el camino. De todas formas, habrá que ver si se pueden incorporar elementos tecnológicos a todos los sectores, pero no creo que pasen muchos años para eso.
En la actualidad, ya vendemos insumos para informática. No es que van a desaparecer los cuadernos, pero van a ser un complemento.

FUENTE: Revista Cial News